Azcapotzalco, la delegación en la que vivo, no es conocida por su gran vida nocturna. Es más, no se me ocurre ninguna cosa por la que mi comarca se distinga de las demás de la ciudad. ¿Será acaso por su refinería petrolera ahora convertida en parque ecológico? ¿O porque en tiempos precolombinos ahí vivieron los tecpanecas, pueblo enemigo de los aztecas? Lo poco fancy de mis rumbos me ha hecho renegar constantemente sobre mi lugar de origen. Pero fue en Azcapo que este fin de semana pasé la mayor parte del sábado en la noche, y no fue por decisión propia. Esa noche Barbs y yo teníamos planeada un doble festejo, primero en la casa del exnovio de Barbs nada más y nada menos que... en Azcapo, muy cerca de mi hogar. Sería una peda pequeña e inocente, sobre todo tomando en cuenta que se trataba de una comida nada más. El plato fuerte de la noche sería la fiesta de cumpleaños de un compañero nuestro del Colmex en su casa, genial inmueble ubicado en algo así como una “vecindad art decó” en Tacubaya. Ah! era imperativo que fuéramos a esa fiesta, las pedas colmecas son para nosotros cada vez más escasas.
Para cuando llegamos a la primera escala, la casa del ex de Barbs, el asunto ya había degenerado un poco hacia el exceso etílico. Nada que nos escandalizara. Nos alcanzó ahí Bob y un amigo-pretendiente suyo, con la idea de que iríamos todos después a la esperadísima peda colmeca en Tacubaya. Todo iba bien hasta que salimos de la casa del ex de Barbs. Eran como las 10:30 de la noche, y excepcionalmente no había yo llevado mi coche esa vez, así que yo era el copiloto más feliz de la vida, muy cómodo sabiendo que estaba exento de la responsabilidad de manejar un auto. Para cuando salimos de casa del ex de Barbs yo ya estaba muy instalado en un moderado estado etílico. En el otro auto, conducido por Bob, el más pedo era el acompañante pretendiente, aunque el dueño del vehículo también se había tomado su par de copitas, al menos una cantidad suficiente como para ser remitido nada más y nada menos que a la delegación... Azcapotzalco, como parte del programa “Conduce sin alcohol” (esa información nos sería proporcionada un par de horas después por una muy cagada funcionaria pública delegacional que se sentía con la autoridad moral suficiente como para echarnos una letanía sobre los peligros a los que se expone la gente que maneja alcoholizada). Así pues, la mayor parte de la diversión nocturna de mi sábado la pasé junto con Barbs y el preocupado pretendiente -al que terminamos adorando- en el mostrador de la delegación viendo cómo en el otro lado nuestro infractor amigo cuasi sobrio hacía su declaración, pasaba con el médico legista y entraba a una audiencia en la que le dictaban una detención de unas 22 horas. La intachable rectitud de nuestro amigo lo orilló a aceptar como los meros machos su culpabilidad, muy a pesar de que había excedido el límite permitido por seis décimas de punto (una cantidad ínfima, sobre todo si la comparamos con el resultado que arrojó otro incauto invitado la fiesta del ex de Barbs que también fue detenido y se pasó el límite por 30 puntos). Así que no quedaba nada más que hacer más que esperar a que lo liberaran en algún punto del día siguiente. Abandonamos Azcapotzalco, con rumbo a Tacubaya, hacia la fiesta que resultó exactamente como la habíamos esperado. Asistió una gran concurrencia de estilito intelectualoide-fresón totalmente Colmex-friendly. A pesar de que no se contó con la presencia del “Sonido Reynito”, la música resultó ser una muy ecléctica mezcla de géneros que complacieron a la mayoría de los asistentes. Ni qué decir de la cantidad exorbitante de botellas de cerveza y vino que ya habían sido consumidas y que estaban regadas pro todos lados de la casa, especialmente en la cocina. Barbs y yo cuidamos mucho del galán de nuestro amigo detenido, quien adoró el ambiente colmeca. Mucho gusto me dio haber visto a varios compañeros del colegio, y bailar con un par de chicas que no conocía. Habremos salido como a las 4 de la madrugada, a dejar al nuevo a migo a su coche, mientras el pobre recordaba en la mala copa la reciente muerte de su fiel perro. La escala indiscutida a comer tacos del Borrego Viudo no se hizo esperar. Fue ahí donde atravesé por el trance de una malacopa muy novedosa, de tintes más bien laboral-vocacionales, mientras la pobre Barbs me consolaba al calor de los tacos al pastor. Definitivamente esa fue la noche de las malacopas bizarras. Llegamos a mi casa rayando las 6 de la mañana, cuando los pajaritos ya empezaban a cantar en los árboles. Al final el saldo de la noche había sido:
-Un detenido en la delegación Azcapotzalco
-Dos malacopas bizarras (un luto canino y un estrés laboral)
-Una muy esperada reconciliación amiguil
-Un mensaje de texto que nunca debió haber sido enviado (y por el cual envío mis más sinceras disculpas al destinatario)
-El tobillo lastimado del autor, causado por una aparatosa caída en medio de la Av. 22 de Febrero (en Azcapo) en pleno operativo “salvemos a Bob de las garras del alcoholímetro”
-La infaltable cruda del domingo...
26 March 2007
22 March 2007
EL GUSTO CULPOSO: El nuevo cine [comercial] mexicano
La culpa la tuvo "Efectos Secundarios" el año pasado. Esa película resultó ser el hit para Barbs y para mí. Nos fascinó el humor sarcástico y ácido de su argumento, también las frescas actuaciones de actores protagonistas totalmente desconocidos. El que en el elenco no figurara ningún Bichir y el que la historia no girara en torno a las trágicas vidas de delincuentes, prostitutas, niños de la calle o habitantes de vecindades en el DF, ciertamente fueron un aliciente para ir a verla. Después de todo, el excelente trailer de "Efectos Secundarios", atinadamente musicalizado con la rola "Love" de Zoé, nos indicaba que se trataba de una plícula ligera sobre un grupo de bien parecidos chilangos treintañeros.
El buen sabor de boca que nos dejó la experiencia nos hizo pensar que ahora sí se podía hacer buen cine comercial en México. Después de todo, el cine de este país no sólo debería contar historias ganadoras de premios en festivales de cine, historias trágicas y oscuras (como Amores Perros o Perfume de Violetas), en las que parecería que para contar con un buen libreto, habría que inundar los diálogos con mentadas de madre de "alto criterio". No, también debería haber películas sin ninguna pretención artística más que la del simple objetivo de divertir a los cinéfilos. Comedias románticas simples que hicieran que pasaras una excelente tarde de domingo y no más.
Con esa idea en mente, asistimos con Paty encantados de la vida a ver "Cansada de Besar Sapos". Gran decepción. Excepto por un par de buenas puntadas (e.g. el cameo de Paquita la del Barrio fue lo más rescatable), la película resultó ser una basura. Pero bueno, capaz que era la excepción que confirma la regla, ¿no? Además había que fomentar el cine nacional.
Ayer Barbs y yo volvimos a sucumbir ante nuestro compartido gusto culposo por el cine comercial mexicano y fuimos a ver "Niñas Mal". Dios santo. Salimos con cara de "what" de la sala. Muy indignados porque hubiéramos podido platicar chorromil asuntos pendientes que tenemos en la agenda, en lugar de chutarnos las irreales situaciones a los que nos sometieron los argumentistas, varios malos chistes que no compensaban para nada los pocos momentos lúcidos de la historia, ni la descarada manera en la que Sariñana promueve la carrera artística de su hija.
En fin, creo que si queremos apoyar al cine mexicano, habrá que seguir viendo esas laureadas películas crudas que representan a México en el extranjero. Y seguiremos ingidnándonos ante la falta de apoyo oficial al cine de calidad, falta de apoyo tan exhibida a ultimas fechas por la toika González Iñárritu - del Toro - Cuarón.
Si quieres conocer más reprobables gustos culposos haz click ---> AQUI
El buen sabor de boca que nos dejó la experiencia nos hizo pensar que ahora sí se podía hacer buen cine comercial en México. Después de todo, el cine de este país no sólo debería contar historias ganadoras de premios en festivales de cine, historias trágicas y oscuras (como Amores Perros o Perfume de Violetas), en las que parecería que para contar con un buen libreto, habría que inundar los diálogos con mentadas de madre de "alto criterio". No, también debería haber películas sin ninguna pretención artística más que la del simple objetivo de divertir a los cinéfilos. Comedias románticas simples que hicieran que pasaras una excelente tarde de domingo y no más.
Con esa idea en mente, asistimos con Paty encantados de la vida a ver "Cansada de Besar Sapos". Gran decepción. Excepto por un par de buenas puntadas (e.g. el cameo de Paquita la del Barrio fue lo más rescatable), la película resultó ser una basura. Pero bueno, capaz que era la excepción que confirma la regla, ¿no? Además había que fomentar el cine nacional.
Ayer Barbs y yo volvimos a sucumbir ante nuestro compartido gusto culposo por el cine comercial mexicano y fuimos a ver "Niñas Mal". Dios santo. Salimos con cara de "what" de la sala. Muy indignados porque hubiéramos podido platicar chorromil asuntos pendientes que tenemos en la agenda, en lugar de chutarnos las irreales situaciones a los que nos sometieron los argumentistas, varios malos chistes que no compensaban para nada los pocos momentos lúcidos de la historia, ni la descarada manera en la que Sariñana promueve la carrera artística de su hija.
En fin, creo que si queremos apoyar al cine mexicano, habrá que seguir viendo esas laureadas películas crudas que representan a México en el extranjero. Y seguiremos ingidnándonos ante la falta de apoyo oficial al cine de calidad, falta de apoyo tan exhibida a ultimas fechas por la toika González Iñárritu - del Toro - Cuarón.
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19 March 2007
12 March 2007
El avión
En un mundo en el que las exigencias del trabajo del chilango veinteañero promedio rebasan los límites de lo humano, dejándonos con poco tiempo libre; en donde los traumas del pasado puede que no nos permitan avanzar sentimentalmente, y en el que las distancias se hacen cada vez más cortas con tarifas aéreas cada vez más accesibles, parecería que mucha gente está crecientemente dispuesta a mantener relaciones romanticoides esporádicas a distancia. Sé de más de un caso de personas que viven en ciudades (y países) diferentes, con agendas laborales llenísimas que les impiden mantener una vida social que les permita conocer mucha gente nueva y que prefieren volar de vez en cuando hacia la ciudad del otro, nada más para pónerle. Sin sentimientos involucrados (en teoría) excepto esa complicidad que resulta de verse furtivamente sin el conocimiento de mucha de su gente cercana. No me malinterpreten, no se trata de personas que viajen a otras ciudades y le pongan el cuerno a sus novios(as), sino de personas solteras y totalmente disponibles que, al parecer, encuentran mucho más fácl mantener relaciones a distancia, generalmente caracterizadas por el recurrente coqueteo en el messenger, con la promesa muchas veces cumplida de que algún día alguna de ellas podrá viajar a la ciudad de la otra para hacer realidad esas interminables conversaciones electrónicas que mantienen en horarios laborales.
¿Por qué puede llegar a ser más fácil entablar este tipo de relaciones a distancia, en lugar de una más convencional en la que el chico A conoce a la choca B, salen a tomar un par de cafés, se gustan y empiezan a salir más en serio? ¿Ya no se puede ligar tan facilmente en un bar o en una fiesta? ¿Es preferible viajar a otro país en el que vive el "sexfriend" de confianza que quedarse en tu ciudad y conocer gente nueva? Tal vez exagero, tal vez estos casos son la excepción y no la regla. Pero no se podrá negar que a esta edad, con estos trabajos tan demandantes y con amigos viviendo en lugares tan diversos, estas cosas son cada vez más comunes. Una de mis fuentes cita a la globalización como la principal causante de estos comportamientos bizarros. Tal vez sea cierto, pero creo que hay más cosas que influyen en esto. ¿soledad? ¿comodidad? ¿sentido de aventura?
¿Por qué puede llegar a ser más fácil entablar este tipo de relaciones a distancia, en lugar de una más convencional en la que el chico A conoce a la choca B, salen a tomar un par de cafés, se gustan y empiezan a salir más en serio? ¿Ya no se puede ligar tan facilmente en un bar o en una fiesta? ¿Es preferible viajar a otro país en el que vive el "sexfriend" de confianza que quedarse en tu ciudad y conocer gente nueva? Tal vez exagero, tal vez estos casos son la excepción y no la regla. Pero no se podrá negar que a esta edad, con estos trabajos tan demandantes y con amigos viviendo en lugares tan diversos, estas cosas son cada vez más comunes. Una de mis fuentes cita a la globalización como la principal causante de estos comportamientos bizarros. Tal vez sea cierto, pero creo que hay más cosas que influyen en esto. ¿soledad? ¿comodidad? ¿sentido de aventura?
05 March 2007
Concert season
El fin de semana inauguré lo que para mí será una nutrida agenda de conciertos las próximas semanas. Esa es una de las cosas que amo de vivir en el DF. A pesar de que en muchos aspectos creo que somos una ciudad (y un país) menos cosmopolita de lo que queremos reconocer, nunca faltan actividades interesantísimas que realizar ni lugares que visitar (conciertos, exposiciones, festivales, restaurantes de casi todo tipo, etc).
Coldplay cerró su gira en México y, cosa rara, fui con mi familia al primer concierto que ofrecieron en la ciudad. Desde que sacaron su primer CD, a mis papás les latió mucho la banda al grado de ir con mi hermana y conmigo al concierto que dieron años atrás en el Palacio de los Deportes en los tiempos de "A Rush of Blood to the Head". El pasado Día de Reyes llegaron a la casa 5 boletos para el citado concierto que hicimos válidos el sábado pasado. Yo no soy tan fan de Coldpay, y mucho menos del último disco, X&Y, que sólo logré escuchar completo el mismo día del evento, a manera de entrenamiento auditivo. Eso de ir a un lugar sin las expectativas muy altas puede ser muy gratificante, porque terminas disfrutándolo más de lo que imaginabas. Eso me pasó el sábado pasado.
Repito, este último año no me sentía yo tan fan de Coldplay, se me hacía un grupo muy mainstream y tal vez algo sobrevalorado y su último disco no me había gustado tanto como los dos primeros. Pero definitivamente no es lo mismo escuchar una canción en el radio que tocada en vivo en el Auditorio. Sentí homiguitas al escuchar "The Scientist" o "Politic", que de por sí no me llaman tanto la atención. Imagínense nomás lo que he de haber sentido cuando la banda se echó las que me gustan más: "Trouble", "What If" o "Yellow", que a pesar de estar bien choteada, no puedes evitar volverte loco cuando la escuchas en vivo y la coreas al unísono con el resto de la raza.
Como público, los mexicanos somos unos facilotes, me cae. Basta con que la banda extranjera que nos visita musite un par de palabras en español mal empleado y diga que "quiere mucho a México" para que la masa se vuelva loca. NO entiendo por qué el pobre de Chis Martin se esforzaba tanto en hablar una que otra frase en español (que segúramente le enseñó Gwyneth) cuando era evidente que el pobre no entendía lo que decía. ¿Qué no se daba cuenta que la gran mayoría de los asistentes coreaban la totalidad de las canciones sin ningún problema? Fue una lástima no haber ido al concierto del domingo. Barbs sí fue y se orgasmeó ante la entrada triunfal de Gael García Bernal al evento. Tabién le tocó disfrutar el dueto que se aventaron con J.C. y presenciar la asistencia de Gwyneth, Beyoncé y otras luminarias de a de veras.
¿Lo que sigue? Un par de conciertos a los que me convocó Barbs:
1.- Muse, en el Palacio de los Deportes, a nivel de cancha. La gente me odiará porque no soy tan fan de Muse, y sé que muchos se quedaron con ganas de ir a verlos. Pero les prometo que me introduciré al mundo de la banda para agarrarle el gusto a sus canciones. Sé que será un gran evento y de verdad valoro el poder tener un boleto (y el haberlo podido costear).
2.- Kean, en el Auditorio. Tampoco soy tan fan del nuevo disco. Pero me fascina "Is it Any Wonder" y los fui a ver al Salón 21 hace un par de años y me latían mucho. Lástima que la fecha del evento se acerque peligrosamente al cumpleaños materno. Espero que eso no represente un problema mayor.
Y hay otro par de tocadas que no me quiero perder pero en las que aún estoy en negociaciones con algún potencial acompañante:
3.- Llily Allen, en el Salón 21. Estoy empeñado en convencer a mi amiga Kali (Orly) para que no rompamos la tradición y vayamos una vez más a nuestro Salón 21 para cantarle a los gañanes ligadores wannabe "Knock Them Out". Kali fue la que me introdujo a Lily Allen y no debe faltar a la cita!
4.- Yann Tiersen, en el Teatro de la Ciudad. Uno de mis gustos raros, de esos que creo que no comparto con nadie, lo cual representa un problema porque no querría ir solito a ese concierto pero, DEBO IR A ESE CONCIERTO. Conozco muy poco de él, pero me fascinó el trabajo que hizo en las bandas sonoras de "Amélie" y "Adios a Lenin". Lo tenemos en México como parte de la cartelera del maravilloso Festival de México en el Centro Histórico. Recuerdo que el año pasado tuve que ir solo con mi alma a ese mismo lugar, el Teatro de la Ciudad, a un conciertio de bossa-nova que no tuvo madre. ¿Quién se apunta este año? Mi estrés aumentó ayer que me enteré que se agotaron las entradas. Así que si un alma caritatbva con un boleto extra se apiada de mí, me haría muy feliz. De lo contrario, supongo quer tendré que cazar los programas radiofónicos de Horizonte 107.9 en espera de la regaladera telefónica. Ah.. Qué estrés!
Coldplay cerró su gira en México y, cosa rara, fui con mi familia al primer concierto que ofrecieron en la ciudad. Desde que sacaron su primer CD, a mis papás les latió mucho la banda al grado de ir con mi hermana y conmigo al concierto que dieron años atrás en el Palacio de los Deportes en los tiempos de "A Rush of Blood to the Head". El pasado Día de Reyes llegaron a la casa 5 boletos para el citado concierto que hicimos válidos el sábado pasado. Yo no soy tan fan de Coldpay, y mucho menos del último disco, X&Y, que sólo logré escuchar completo el mismo día del evento, a manera de entrenamiento auditivo. Eso de ir a un lugar sin las expectativas muy altas puede ser muy gratificante, porque terminas disfrutándolo más de lo que imaginabas. Eso me pasó el sábado pasado.
Repito, este último año no me sentía yo tan fan de Coldplay, se me hacía un grupo muy mainstream y tal vez algo sobrevalorado y su último disco no me había gustado tanto como los dos primeros. Pero definitivamente no es lo mismo escuchar una canción en el radio que tocada en vivo en el Auditorio. Sentí homiguitas al escuchar "The Scientist" o "Politic", que de por sí no me llaman tanto la atención. Imagínense nomás lo que he de haber sentido cuando la banda se echó las que me gustan más: "Trouble", "What If" o "Yellow", que a pesar de estar bien choteada, no puedes evitar volverte loco cuando la escuchas en vivo y la coreas al unísono con el resto de la raza.
Como público, los mexicanos somos unos facilotes, me cae. Basta con que la banda extranjera que nos visita musite un par de palabras en español mal empleado y diga que "quiere mucho a México" para que la masa se vuelva loca. NO entiendo por qué el pobre de Chis Martin se esforzaba tanto en hablar una que otra frase en español (que segúramente le enseñó Gwyneth) cuando era evidente que el pobre no entendía lo que decía. ¿Qué no se daba cuenta que la gran mayoría de los asistentes coreaban la totalidad de las canciones sin ningún problema? Fue una lástima no haber ido al concierto del domingo. Barbs sí fue y se orgasmeó ante la entrada triunfal de Gael García Bernal al evento. Tabién le tocó disfrutar el dueto que se aventaron con J.C. y presenciar la asistencia de Gwyneth, Beyoncé y otras luminarias de a de veras.
¿Lo que sigue? Un par de conciertos a los que me convocó Barbs:
1.- Muse, en el Palacio de los Deportes, a nivel de cancha. La gente me odiará porque no soy tan fan de Muse, y sé que muchos se quedaron con ganas de ir a verlos. Pero les prometo que me introduciré al mundo de la banda para agarrarle el gusto a sus canciones. Sé que será un gran evento y de verdad valoro el poder tener un boleto (y el haberlo podido costear).
2.- Kean, en el Auditorio. Tampoco soy tan fan del nuevo disco. Pero me fascina "Is it Any Wonder" y los fui a ver al Salón 21 hace un par de años y me latían mucho. Lástima que la fecha del evento se acerque peligrosamente al cumpleaños materno. Espero que eso no represente un problema mayor.
Y hay otro par de tocadas que no me quiero perder pero en las que aún estoy en negociaciones con algún potencial acompañante:
3.- Llily Allen, en el Salón 21. Estoy empeñado en convencer a mi amiga Kali (Orly) para que no rompamos la tradición y vayamos una vez más a nuestro Salón 21 para cantarle a los gañanes ligadores wannabe "Knock Them Out". Kali fue la que me introdujo a Lily Allen y no debe faltar a la cita!
4.- Yann Tiersen, en el Teatro de la Ciudad. Uno de mis gustos raros, de esos que creo que no comparto con nadie, lo cual representa un problema porque no querría ir solito a ese concierto pero, DEBO IR A ESE CONCIERTO. Conozco muy poco de él, pero me fascinó el trabajo que hizo en las bandas sonoras de "Amélie" y "Adios a Lenin". Lo tenemos en México como parte de la cartelera del maravilloso Festival de México en el Centro Histórico. Recuerdo que el año pasado tuve que ir solo con mi alma a ese mismo lugar, el Teatro de la Ciudad, a un conciertio de bossa-nova que no tuvo madre. ¿Quién se apunta este año? Mi estrés aumentó ayer que me enteré que se agotaron las entradas. Así que si un alma caritatbva con un boleto extra se apiada de mí, me haría muy feliz. De lo contrario, supongo quer tendré que cazar los programas radiofónicos de Horizonte 107.9 en espera de la regaladera telefónica. Ah.. Qué estrés!
Jacarandas

Quizá la señal más indiscutible de la llegada de la primavera a esta ciudad sean las jacarandas. A pesar de que, personalmente, mi estación favorita del año sea otra, no puedo dejar de amar el hecho de que desde febrero y todo marzo, las calles de mi colonia y muchas otras más se tapicen de borlitas moradas que medio que vuelan juguetonamente cada vez que las llantas de un coche pasan encima de ellas. Amo asomarme por alguna ventana o estando en una banqueta, y mirar arriba para admirar el contraste que forman un cielo sin nubes y esas borlitas moradas que aún no han caído al suelo. Manejar por los pasos elevados del Circuito Interior o el Segundo Piso del Periférico y adivinar la existencia de alguna calle gracias a la inconfundible línea casi ininterrumpida de follaje morado y verde que divide dos bloques de azoteas. Durante el resto del año uno no se da cuenta de la cantidad impresionante de jacarandas que hay en la ciudad, pero es durante estas semanas que descubrimos que están por todos lados: camellones, banquetas, parques, áreas verdes y algunos afortunados jardines de casas del Pedregal. Me pregunto en qué colonia estará el tramo de calle con más jacarandas por metro cuadrado. ¿La Del Valle? ¿La Nápoles? ¿Condesa o Roma? ¿Mi Nueva Santa María acaso? Si alguien sabe o cree saber dónde puedo encontrar ese tramo de calle, que me avise de una vez, porque ahí es donde habré de vivir. Sólo que necesito asegurarme de poder affordear a un jardinero, porque por más hermoso que sea el espectáculo de las borlitas moradas tapizando el suelo, no tengo la más mínima intención de barrerlas.
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