
La excusa era perfecta. Tenía una cita para solicitar una beca para la maestría que me interesa el viernes pasado, a las seis de la tarde, en las oficinas de una fundación filantrópica en... Guadalajara. Secretamente llevaba planeando una escapada de la ciudad por meses, y Guadalajara, con su conocido ambiente gay friendly, no sonaba como una opción poco desdeñable. Además ¿qué tan pueblo chico podría ser la segunda ciudad más grande del país?
Con un mes de anticipación le propuse al Chiquis que fuera mi acompañante para pasar todo el fin de semana allá, puesto que su compañía es garantía de diversión y, además, yo no conozco a nadie en esa ciudad. No me veía yo solito pululando por las calles del centro, turisteando en el Hospicio Cabañas y en la Catedral. El Chiquis y yo teníamos semanas de haber planeado la travesía, todo estaba listo: las reservaciones del hotel, mi coche bien checadito, las playlists del Ipod para el viaje de más de 5 horas en automóvil y la investigación previa sobre los lugares que habría de visitar.
LA TRAVESÍA...
Muy temprano el viernes abandonamos las tierras chilangas de Café Tacuba, Zoé y Los Dynamite, con destino hacia al cuna tapatía de Belanova, Telefunka y Maná. El trayecto hasta GDL fue decente, llegamos a la ciudad pasado el medio día, amenizados por el IPOD del Chiquis que en ese momento tocaba una canción de Rocío Durcal acompañada de Mariachis, algo muy ad hoc si tomamos en cuenta que 1.- estábamos entrando a la ciudad más mexicana de México y 2.- iba el Chiquis. Lo primero que hicimos fue pararnos en el primer supermercado que encontramos para que mi incauto acompañante se comprara unas chanclas de chacha, puesto que se le habían olvidado en su casa y no se quería bañar descalzo (lo que no se lo olvidó fue empacar como 5 pares de zapatos en una maleta aparte, que en su mayoría ni siquiera fueron usados).
LAS PRIMERAS IMPRESIONES...
Fue ahí donde me percaté que los chacalines tapatíos son más interesantes que los que se encuentra uno en el Tito de la Zona Rosa, aqui en el DF. Pululan por las calles vestidos ligeramente mejor que la población chilanga y uno que otro hasta tiene ojo claro. Y es que de lo que me más me llamó la atención de este puebo que visitamos fue los ojazos de una parte significativa de la población y también su indumentaria, ligermanete mejor cuidada que las fachas chilangas.

Un par de horas antes de que empezara mi entrevista nos fuimos a probar la verdadera experiencia gastronómica tapatía: la torta ahogada. La muy asertiva e intensa señora que atendía el local se tomó la libertad de enseñarnos cómo prepararlas (resulta que al principio te las dan con el puro pan y las carnitas y uno se tiene que parar a "ahogarlas" con la célebre salsa picante). La cerveza del lugar, marca Estrella, fue de mi agrado, no así del del Chiquis.
Una vez satisfechos con la experiencia culinaria en cuestión, nos dirigimos al hotel para que me cambiara. El Chiquis me abandonó y se fue con una prima suya que vivía ahí, mientras yo más nervioso que otra cosa, me dirigí solo con mi alma (y mi auto) al lugar de la entrevista. Debo confesar que lo de menos era la entrevista, aunque una vez en la ciudad, habiendo llegado y habiéndonos instalado en el hotel, me puse nervioso. Me preguntaba qué tanto valía la pena haber pedido un día libre y haber viajado hasta otra ciudad para ir a una entrevista que duraría poco menos de una hora. Bueno, al menos la estancia de dos días haría un poco más productivo el esfuerzo de haber ido hasta allá. Creo que hice muy buen papel. Ya veremos en unas cuántas semanas si me convierto en beneficiario de esta beca.
UNA CRÍTICA A LA INFRAESTRUCTURA GAY DE GDL...
Una vez terminada la experiencia, el resto de la estadía tapatía sería diversión. La idea era mezclar turismo folkrórico-gastronómico de día, con diversión gremial en los antros de Guadalajara, por la noche. Mis investigaciones previas me habían llevado a la conclusión de que en ese pueblo, el antro-de-los-viernes (como diría el buen Chaud Poser) se llama "Circus" y estaba en el centro histórico, mientras que el antro-fresita-de-los-sábados llevaba el nombre de "Angels" y se localizaba en lo que en GDL llaman la Zona Rosa. Y así, con todo y la jaqueca que asechaba a mi pobre acompañante, nos dispusimos a descubrir la escena gay de la ciudad. La primera noche nos dimos cuenta de una cosa: a diferencia del DF, los antros gremiales tapatíos de relevancia no necesariamente manejan en concepto de "un antro, dos pistas: pop y electrónico". Para nuestra sorpresa (y para el horror del Chiquis) nos fuimos enterando que si es viernes y estás en en un antro gay de Guadalajara, SÓLO HAY MUSICA ELECTRÓNICA. No me malinterpreten, la música que había era, de hecho, bastante buena. Y es que uno de los highlights de mi experiencia gremial en provincia fue la alta calidad de la música que escuché en los pocos lugares a los que fui.
No podría decir lo mismo sobre la calidad de la infraestructura de los inmuebles. La decoración de ambos lugares dejaba mucho que desear. "Circus", por fuera, daba muy buena impresión. Ubicado en una casona decimonónica en pleno centro de la ciudad, muy al estilo del viejo Living de Orizaba, pero sin jardín. Pero una vez dentro, los defectillos sobresalían. Para empezar, su concepto de área VIP no nos convenció del todo. Los integrantes de esa supuesta área se veían mucho menos VIP que varios de los parroquianos que compartían las áreas públicas conmigo y el Chiquis. El piso onda Interceramic, me remontó a la dpecada de los noventa. Y el mobiliario estaba muy equis, con los tapices de los banquitos despeluchados, las paredes pintadas de colores chirriantes. Eso sí, mis respetos por los Go-Go dancers, quienes tal vez no se contoneaban como deberían, pero como buenos tapatíos chacalezcos (y no tan chacalezcos) no estaban nada mal de cara. Y la concurrencia, pues bien. NO voy a negar que hay chicos lindos en GDL, pero creo que la proporción es más o menos similar que el el DF, con la ventaja en mi caso, de que se trataba de gente totalmente desconocida.
"Angels", por otro lado, es el antro gay fresa de la ciudad. Y en efecto, su ubicación hacía que nos diera menos miedo dejar el coche en el valet parking. Pero de fresa, eso era todo. El piso era como de marmol tipo casa-de-la-abuela. El lugar era muy grande, pero no lo suficiente como para hacer que el humo tipo hielo seco que nos disparaban a quemarropa de disipara, fumigándonos de vez en vez e impidiendo que pudiéramos ver a 30 cm. de distancia. La decoración que pusieron a propósito del Día de San Valentín consititía en corazoncitos de papel terciopelo pegados en todas las paredes del recinto, seguramente comprados en la papelería de la esquina, y eso sólo realzaba la condición de "antro de provincia" del lugar. Más que sentirme en "Lipstick" o "Living", la decoración del lugar me hacía sentirme en el "Ansia". Pero nuevamente la música salvó la noche. Las dos noches que estuvimos en ese lugar, el DJ de la pista electrónica nos sorprendió con un remix de Maneater de Nelly Furtado simplemente excelso. Y el sábado, que hubo POP, no paramos de bailar ante la combinación bien armada de favoritas del momento con oldies-but-goodies del calibre de Sentidos Opuestos y Gloria Trevi en los tiempos previos al reclusorio. Al estar en tierra de Belanova, la noche se amenizó no con una, ni dos, sino tres hits de tan bienamado grupo que tanto me fascina. Resulta que en GDL también conocen a Alizzée, y el que el DJ la haya puesto hizo que el Chiquis y yo rompiéramos con la etiqueta y nos subiéramos a la tarima a bailar los pasitos del poisson rouge.
En general, la experiencia fue grata, in gay terms, Guadalajara cumple. Hay muy buena música, precios irrisorios y varios chicos lindos. Pero si se quiere decoración sofisticada y pose (a veces innecesaria), definitivamente el DF es el lugar.
GUADALAJARA COMO TAL
As shocking as it sounds, debo decir que si me vuelvo buga o si tengo que casarme con una mujer, habré de encontrarla en Jalisco. Dios! Hay muchas mujeres guapísimas en GDL. Te las encontrabas en todos lados: comiendo en el puestito de las tortas ahogadas o cruzando la calle más equis. La vida es más pausada y las meseras del VIPS no tienen ningún empacho en hacerte la plática por más lleno que esté el lugar. La ciudad está rechinando de limpia y a diferencia del DF, si tienes una idea básica de la ciudad, puedes llegar a donde quieras siguiendo los letreros de las calles. La gente ha de ser muy tranquila, nos dio la impresión de que no incurren en excesos (o si lo hace, lo hace muy tarde). Llegando del antro nuestra ropa no olía tanto a cigarro si lo comparas con una noche de farra en el DF, y a pesar de lo ridículamente barato del chupe (en el antro fresa una cerveza costaba 18 pesos, un tequila "de la región", 30) no había ni un solo borracho, era relativamente fácil conseguir una bebida en la barra y ni a mí ni al Chiquis nos provocó la idea de ponernos hasta la madre (algo raro en nosotros).
Me causó ternurita descubrir que en GDL estos días está en plano apogeo la COW PARADE. Vacas multicolores adornan las principales calles de la ciudad y emulan monumentos históricos tapatíos, como la "Munerva" (en alusión a la fuente de la Minerva) que tanto fascinó al Chiquis. Más ternurita me causó el que ahí vayan a construir el edificio más alto de Latinoamérica: una estructura nada innovadora al estilo de la aguja de Seattle. Caminar por el corredor peatonal del centro es muy ameno, desde la Catedral hasta el Hospicio Cabañas. Nos tomamos toda una mañana para conocer los murales de Orozco (impresionantes BTW), las placitas, las estatuas locochonas y las fuentes y el Teatro Degollado. Sorpresa agradable fue descubrir una exposición temporal enel Hospicio Cabañas sobre la obra de Legorreta. ¡Qué prolífico arquitecto!
Lo de que GDL es la "ciudad más mexicana" ha de ser, en gran parte, por Tlaquepaque. Yo tenía la misión personal de comprarme un "jarrito de Tlaquepaque", porque así le decimos de cariño a nuestra compalera de trabajo en la oficina. ¿Será por sentidita? Nos dirigimos en la tarde del sábado y comimos en una placita-mercado-comedera que llaman "El Parián", dode tomamos tequila de la región, de esos que no encuentras en el DF, y comimos al sonido del mariachi y bailes regionales. Eso sí, nos han de haber timado porque la cuenta salió en más de 500 pesos. NI pedo, la pasamos muy a gusto. El pueblillo esta muy mono, con calecita peatonal inundada de galerías que presuntuosamente venden muebles y decoración a precios elevadísimos.
EL REGRESO
Y esa fue mi experiencia en guanatos. No conocimos a nadie, sólo interactuamos con la gente que nos tenía que prestar algún servicio: meseros, valet-parkings, bar tenders, gasolineros, recepcionistas del hotel. Nuestra condición de fuereños era muy obvia, pero creo que dejamos muy en alto el nombre del DF.
Los regresos siempre se te hacen más cortos que las idas. Y así fue el domingo. Salimos a medio día del hacia el DF, non stop. Hubo menos intervención del Ipod y más pláticas profundas sobre los temas de nuestras tesis y las historias personales. Me la pasé Bom-Ba con el Chiquis. In gay terms, como Guadalajara, Hectorín cumple.