23 July 2007

Cero Estrés in the beach


Mis últimas vacaciones antes de dejar de ser burócrata federal las pasé en la playa. Mi viaje de hecho fueron dos, y es que un fin de semana de convivencia familiar en Acapulco casi se me empalma con una semana entera con amigos, en Playa Troncones, una peculiar comunidad de la costa grande de Guerrero, muy cerca de Ixtapa. Sabía que esta sería la última vez en mucho tiempo que vería el mar (al menos un mar decente, tropical, que ameritara caminar por su playa usando sólo una bermuda). Tenía que aprovechar todo el sol, toda la arena y toda el agua salada que pudiera obtener. Al final me emborraché de mar, me quedé con el sufiente sol como para poder presumir mientras escribo estas líneas el mejor y más cuidado bronceado de toda mi vida. No dejé que la amenza del estómage débil me arruinara mis vacaciones, por lo que me volví fan oficial del Imodium. Tomé Yolis, nadé como hacía mucho no lo hacía: sólo por el puro gusto de chapotear, jugué al tiburón en la alberca de una casa en la playa, y me remonté a mi infancia ñoña en la que al jugar, no tenía yo ningún empacho en morder los pies de mis víctimas, mientras buceaba sigiloso por debajo del agua... entré en personaje. Me eché una novela entera de García Márquez (más una revista Chilango, una revista Glamour que estaba a la mano, una GQ, una National Geographic... y ciertos poemas) y eso es un triunfo a la paciencia para alguien como yo, que no tiene el hábito de la lectura. Jugué juegos de mesa, perdí en Maratón, para vergüenza del Colmex y orgullo, cuestionado, de la Ibero. Comí uno de los pestos más interesantes que he probado: con camarones y una salsa al vino. Descubrí que a pesar de ser baratos, los vuelos de Interjet pueden ser demasiado fresas. Jugué con las olas a bordo de un body-board. Conocí la temible presa Infiernillo, experiencia que no resulta tan desafiante a bordo de una camioneta con mucho aire acondicionado que transita por una autopista brand-new.


Me afarré a mis vacaciones hasta el último momento. Ahora estoy de regreso, sin un ápice de inspiración y sin ninguna aventura cómico mágica musical que reseñar. Dejaré que corra el tiempo y, por lo pronto, me iré al cine con mi chico.

12 July 2007

Mi verano japones-ito

Ya lo decía la galleta de la suerte que me comí en un Sushi-Ito hace un par de semanas:


"Tendrá buena suerte este verano".


Y aún cuando no creo tanto en esas cosas, nunca está de más guardar tan buen augurio en la cartera. Me desharé de él seguramente en septiembre, mientras vuele en medio del Atlántico con rumbo al un reino lejano. Será ahí cuando dictamine si esos papelitos tienen algún dejo de verdad. Un fiel lector me dijo un día que a todas esas suertes japonesas hay que agregar la frase "en la cama" al final. Así que estará por verse qué tanta buena suerte tendré en la cama este verano.

Por lo pronto, debo confesar que el papelito descansa junto a un boleto del Zinco Jazz Club, que funciona como recordatorio de una excelente velada que pasé con cierto acompañante misterioso una noche de jueves de la semana pasada. So far la suerte japonesa está vigente.

Hace un par de días vi al Friend, y me encontró muy repuesto ¿de qué? quién sabe... Dice que ya no tengo ojeras (¡joder! ¿acaso tenía yo ojeras permanentes?), y que no me ve tan estresado como de costumbre (¡EL TÍTULO DE MI BLOG PELIGRA!).

Cada día que pasa es más segura mi partida. Las cosas se están dando, y ahora todo está funcionando a pesar de las pésimas noticias de hace unos meses. Parece que al final de cuentas, mi super back-up plan está saliendo adelante. Y aunque algunas cosas geniales me han sucedido en lo que va de la temporada ("tendrá buena suerte este verano....en la cama"), no me estreso a mí mismo ni a la gente a mi alrededor con ansiedades del tipo "¡¿qué somos?!".

No quiero alardear prematuramente, no se me vaya a cebar mi gran historia. Por lo pronto los dejo, por una semana entera. Las vacaciones me llevarán a una playa poco conocida donde tendré suerte si logro encontrar algún lugar que pueda ser denominado "territorio Telcel".




06 July 2007

Cheers!

You Are Barney

You could have been an intellectual leader...

Instead, your whole life is an homage to beer

You will be remembered for: your beautiful singing voice and your burps

Your life philosophy: "There's nothing like beer to give you that inflated sense of self-esteem."

02 July 2007

Gatorade in the Gay Parade




Soy una maraña de incongruencias, me quejo del desmadre vial que se genera cuando cierran las calles para dejar pasar bicicletas en domingo. Pero ahí me tuvieron el sábado pasado, marchando de lo lindo por el Paseo de la Reforma, para la incomodidad de los incautos automovilistas que pasaron por ahí a esa hora.

Pero empecemos por el principio, pues mi aventura comenzó (y pudo haber terminado abruptamente) la noche del viernes, cuando iba regresando a mi casa después de una noche de copas, una noche no tan loca, en casa de Mario para celebrar su cumpleaños junto con varios amigos. Había yo tomado más de las dos copas que, por ley, el Gobierno del DF tolera en la carga sanguínea de los automovilistas de la ciudad, y que pueden ser medidas con precisión gracias al conocido programa "Conduce sin alcohol". Un retén de dicho programa me detuvo en una calle en la que jamás se había puesto antes (damn police!) y, encontrándome detenido por un amable policía, caí en la cuenta de que mi única esperanza era bloffear, negar cualquier injesta alcohólica esa noche, y esperar por lo mejor. Experiencias anecdóticas propias y ajenas me han enseñado que, en caso de aceptar haber bebido la más mínima cantidad, uno no se salva de hacer la prueba. El poli me creyó no haber tomado una sola copa, así que pude sortear el retén sin haber hecho la prueba de detección de alcohol que sin duda me hubiera remitido a la delegación y a mi coche al corralón, arruinando con eso no sólo mis planes personales de sábado sino también toda una complicada logística familiar dirante el sábado por la mañana que ya se tenía acordada previamente con la madre y las hermanas. ¡En verdad valoro mi suerte! Pero ¿habré aprendido la lección?

La mañana del sábado tuve que dedicarme a muy tempranas horas a hacer un par de mandados que mi madre y hermana me habían solicitado el día anterior. Acepté gustoso cumplirlos siempre y cuando se me garantizara que podría asistir sin contratiempos a la marcha de orgullo gay de este año. Este año mi contingente estaría formado por Mario y Carolina A.K.A "La alcachofa asesina", un muy pequeño número de asistentes pero con diversión garantizada. Para el evento fui preparado. Empaqué en una bakpack no sólo una gorra para el sol, cámara y una chamarra para la lluvia, sino una pequeña hielera cargada de tres botellas de GATORADE previamente enfriadas en mi refri, debidamente preparadas con una dosis de vodka. Esta bebida garantiza la óptima hidratación del marchista, así como su (no tan sana) diversión. Una botella con vodka puro garantizaba la posibilidad de preparar cuantos GATORADES neecsitáramos, sólo habría que hacer una fila tipo antro en uno de los varios OXXO's y 7 Eleven's que estaban repartidos a lo largo del recorrido.

Mis acompañantes estuvieron conmigo sólo en la primera parte del recorrido. Esa en la que los contingentes estan estacionados en el tramo que existe entre el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora. Las dimensiones de la marcha eran las mismas que los años anteriores, creo. Y los contingentes eran tan variados como siempre: Los típicos tráilers de los antros, cargados de gente que baila al compás del punhis-punchis, los grupos de padres de familia orgullosos por sus hijos, osos, leathers, osos-leathers, lesbianas revolucionarias, cristianos, transexuales.

Se nos anexó un muy simpático amigo de Carolina, quien iba acompalado de un joven quien al final resultó haber estudiando en la misma preparatoria que yo. Mi contingente primario me abandonó a la altura de la glorieta de la Palma, no sin antes haber disfrutado de la maravillosa nueva bebida que inventé cuando, al hacer una escala en el baño del Starbuck's del Sheraton María Isabel, mezclé atinadamente mi vodka con un frozen Chai latte, muy recomendable.

Típico que te encuentars a viejos conocidos, algunos de los cuales se hacen los desentendidos y actúan como si no te hubieran visto (What's wring with these people!), otros algo más decentes con quienes te saludas cordialmente a pesar de tratarse de personas non-tan-gratas. Me encontre también con un interesante personaje con el que había salido un par de veces la semana anterior, y quien tal vez sea el tema de un POST futuro.

Al haber sido abandonado por Mario y Carolina, me le anexé a los amigos de Carolina que había conocido en ese momento, con quienes disfruté del resto de la marcha y del "after" que organizaron en casa de un amigo suyo en la San Miguel Chapultepec. A diferencia de otros años, nos quedamos un rato en la plancha del Zócalo a presenciar el evento cultural que se organiza (y que esta vez tendría a la reina del festejo a Astrid Haddad). Pero mi elevado estado etílico y lo rico de la plática con mis nuevos amigos (a los que sospecho no volveré a ver) me imídiero disfrutar del evento cultural.

Todo es blurry a partir de ahí. Recuerdo que cancelé mi asistencia a la comida de cumpleaños de un amigo de la prepa, por lo cual me siento muy mal. La seguimos en una casa que quedaba convenientemente cerca de donde tenía que estar en la noche. Y es que desde hacía un mes había comprado mi boleto para una tocada en el Salón 21, que contaba en el cartel a la cachonda Ely Guerra, quein jamás había visto en vivo y moría de ganas de ver. Logré ir al concierto, en efecto, donde seguí tomando cerveza. Logré ver a Ely y sólo a Ely. Sé que lo disfruté, pero sospecho que lo hubiera disfrutado más de haberme encontrado en un estado menos alterado de conciencia. Me fui temprano. No pude más. El saldo fue una cruda que no se repetía desde marzo. Y un domingo casi inutilizado en el que dormí la mayor parte del tiempo. Cielos! debo dejar los excesos, mi suerte no puede durar para siempre...

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