01 August 2006

AMLO y mi cabecita loca

Este mentado conflicto post electoral que ya nos tiene hartos a los apartidistas con conciencia política es el ejemplo más reciente del cambio de percepción sobre AMLO que, sospecho, no sólo está ocurriendo en mi cabecita loca.

Mi primer noción de López Obrador, si mal no recuerdo, se remonta a cuando él era Presiente de su partido político. En esos tiempo recordé que mi madre se refería a él como aquél perredista revoltoso que había cerrado carreteras e instalaciones petroleras en protesta del resultado de las elecciones en Tabasco. Luego, nos lo hicieron candidato para Jefe de Gobierno. Mi familia panistoide (que no panista) votó casi en bloque por el que terminaría siendo Secretario de Gobernación. Pero gano el Peje. Chido, la ciudad sería gobernada por AMLO, en gran parte, supongo que por la inercia de la gestión de Cuauhtémoc Cárdenas y Chayito "la del corazón roto" Robles. Los años en que el Peje me gobernó, coincidieron con los años de mi formación universitaria en reconocida institución de eduación superior que me ayudó a marcar mi distacia ideológica del panismo que me convirtió en víctima del voto útil en las elecciones del 2000. Tanta peer pressure durante mis años universitarios, aunados a argumentos por demás convincentes y sumados a las barrabazadas que año con año cometía el gobierno federal, me convirtieron en una especie de India María ("ni que aquí ni de allá") que no se sentía a gusto hablando de política con los compas de la universidad, por ser tachado de derechista ultraconservador, como tampoco se animaba a hablar de dichos temas con los compas (Satelucos, del Tec de Monterrey y, por ende panistas) de la prepa, quienes podrían llegar a pensar de mí como un izquierdista revoltoso.

Mi condición de estudiante, colmeca y de persona con una orientación sexual "alternativa" me colocaron en la izquierda, pero modeada. Durante su gestión como Jefe de Gobierno del DF, le di el beneficio de la duda a AMLO, con todo y que padecí de inicio a fin la construcción de su polémico segundo piso del periférico. Eran los días en los que era yo una persona que manejaba ebria en la madrugada del sur al norte de la ciudad, sin poder tomar una via primaria como el Periférico, teniendo que evitar los alcoholímetros que se instalaban en Insurgentes. Me cae que hacer eso sin odiar a quien maquinó esas políticas públicas SI que es dar el beneficio de la duda.

Sus polémicas políticas públicas y su discurso anti establishment tantas veces elogiado por varios de los académicos con más credibilidad del país, algunos de los cuales hasta me dieron clase, también me hicieron darle el beneficio de la duda, conforme se acercaba el tediosamente electoral año 2006. El sucio proceso de intento de desafuero en su contra desarrolló mi indicutible convicción por su derecho a competir en las elecciones del 2006. (Claro que no me movilizaron al grado de irme a marchar contra el desafuero junto con algunos de mis compañeros de clase).

Al inicio de la campaña electoral estaba yo convencido de que el Peje ganaría las elecciones, y estaba casi seguro de que votaría por él. Conforme pasó la primera mitad del 2006, la actitud de grupos y niveles del gobierno no cercanos a AMLO me hicieron confirmar la reprobable apuesta por la "campaña del miedo" con tal de que la izquierda no ganara en México. Las comparaciones entre AMLO y Hugo Chávez se me hacían de lo más simplista y bajo.

Pero nunca dejaron de haber cosas que me incomodaban sobre el Peje y su partido. Del Peje: Su falta de transaprencia, su forma de hablar tantas veces parodiada y la forma en la que se desempeñó en la campaña (faltar al primer debate, su visión sobre política exterior, etc). Del partido: su izquierdismo dudoso (¿a ver, que alguien me diga qué pasó con la aprobación de las sociedades de convivencia en el DF? tomen en cuenta que la Asamblea Legislativa ha contado con una mayoría ABSOLUTA del PRD ¿izquierda? durante los años del Peje-Alcalde), y el delirio de persecusión de los perredistas, claramente ejemplificado por el nefastín comportamiento de sus representantes de casilla durante las elecciones del 2003 y 2006 (y ese argumento lo tomo, no de lo que dicen los medios, sino de experiencias anecdóticas, personales, que igual y por serlo, son algo sezgadas). Todo esto terminó por hacer que mi voto se fuera para la otra izquierda que nadie pelaba ni pelará.

Ahora, agosto de 2006, con el discruso del fraude "a la antigüita", con la acción de acudir a medidas de "desobediencia civil" y con la ciudad paralizada, mi concepción del Peje, y del PRD, está cambiando. El beneficio de la duda se desvaneció. Ahora los detractores de AMLO, algunos de los cuales viven en mi mismo techo, dicen con orgullo "¿ya ven? de la que nos salvamos.... imagínense si ese naco/autoritario/corriente/izquierdista/inculto hubiera ganado las elecciones". Y gente como yo, no tiene más que quedarse callada. Gente como yo, cada vez se siente más incómodo por haber considerado a este hombre como posible Presidente de la República, pero a la vez, mucho más tranquilo sabiendo que el señor no contó con mi voto. Creo que el sexenio que viene no sentiré la culpa que sentí el sexenio pasado. Mi voto fue razonado y pase lo que pase en este conflicto post-electoral, siempre estaré tranquilo de no haber votado por un personaje que tal vez, sólo tal vez, se hubiera parecido más a Echeverría que a Bachelet.

Ya le estoy perdiendo el respeto al señor. Y espero que más gente esté en el mismo trance. Creo que lo que está pasando ahora debe influir en gran medida para que mucha gente cambie de opinión sobre AMLO. En una mentalidad chilangocéntrica como la mía, no es lo mismo un señor que, por allá en los noventas cerró carreteras e instalaciones petroleras en Tabasco, al líder de un movimiento social que reune a cientos de miles de personas en el Zócalo dos veces en menos de un mes mediante un discurso engañosón, te cierra las avenidas Reforma, Juárez y Madero y con esto desquicia el tráfico de las ciudad e impide que vayas con facilidad a tu trabajo y a esos lugares de esparcimiento (unos más sórdidos que otros) que se despliegan a lo largo de las calles sitiadas. Y en mi caso, esas acciones que afectan directamente mi vida cotidiana, y la de miles de chilangos que habitamos el ombligo del país, esta terminando por hacer que se fome una cierta idea sobre AMLO en mi cabeza, y definitivamente esta idea no se acerca ni al respeto, ni a la admiración.

4 comments:

Hectorin said...

I will just proudly say:

I told you so! ha ha ha

Friend said...

Friend te comprendo perfecto. No puedo ser panista y soy anti-peje. Qué me queda? EL PRI??? Ni en drogas. Te felicito por dejar de defender al Peje.

Anonymous said...

es triste como reduces la situacion politica..pero tambien es cierto que estas en tu derecho de hacerlo.

Enrique R said...

y dime, Sonrisa.... ¿en qué forma crees tú que estoy reduciendo la situación política? ¿que me faltó mencionar? ¿qué me brinqué?