Horrorizado, me he dado cuenta del crecimiento de cierta adiposidad en mi cuello: la papada. Certero de que no iba a dejar que la gravedad hiciera sus estragos antes de tiempo, me propuse evitar a toda costa que esa papada se consolidara. Ya eran suficientes mis llantitas y mi panza chelera, podía vivr con ellas. ¿Pero una papada?! a mis sexys e innatamente bellos 25 años de edad. ¡¡¡¡JAMAS!!!! Afortunadamente, semanas a atrás Gaby, mi coworker, se coludió con Myrna, otra coworker, y ambas se embarcaron en una rutina de ejercicio que consiste en salir a correr los lunes miércoles y viernes al Sope, un circuito de 2km en la segunda sección de Chapultepec, después del trabajo. Gustoso me anexé a su plan, horrorizado no sólo por el descubrimiento de mi papada en crecimiento, sino de un comentario de un conocido que no me es tan indiferente que le dijo al buen Alex que tendría ondas conmigo si no fuera porque ha engordado últimamente. ¡Suficiente! Sientiéndome ofendido por ese comentario, salí a correr por primera vez al citado lugar, para descubrir que correr en la segunda sección de Chapultepec tiene sus ventajas. Para empezar, la famosa Myrna resultó ser una mujer de acero del calibre de G.I. Jane que, no conforme con habernos puesto a correr un par de kilómetros a Gaby y a mí, nos hizo sufrir (a mí más) haciendo flexiones imposibles. El gran dolor que senía al día siguiente de haber corrido y flexionado con esa mujer me hacía sufrir, sí, pero también me daba a entender que el músculo estaba ahí y apenas ahora se estaba poniendo a trabajar. Me dí cuenta, también, que correr en ese lugar no se comparaba en absoluto con la tediosa labor de darle 5 vueltas al parque de mi colonia. El circuito, lleno de subidas y bajadas, resultaba ser más entretenido. Más entretenido también resultó ser el avistamiento ocasional de uno que otro corredor de no malos bigotes (y de no tan malas piernas) lo que resultó ser un incentivo muy eficaz. He logrado, con éxito, correr al menos dos veces por semana durante las últimas dos semanas. Espero poder seguir manteniendo el ritmo, y hasta incrementarlo. A veces no puedo ir, porque me quiero ir a ver a los cuates, lo cual me pone en una disyuntiva. He llegado al extremo de salir a cenar con gente aún después de haber ido a correr sin haber pasado a una ducha, lo cual implica llevar en un sólo día tres mudas de ropa: la burocrática, la deportiva y la social, y tener que cambiarme en el coche. También corro el riesgo de acudir a algún compromiso social apestando, pero creo que, al momento, nadie se ha dado cuenta. Eso sí, mis viernes sociales son intocables, y no pienso hacer ejercicio esos días.
Mis compañeras de ejericcio resultaron no ser tan consistentes. La semana pasada fui abandonado un día, y me ví en la necesidad de correr solito. Ni pex, pude probar por primera vez la experiencia de correr acompañado de mi nueva adquisición genial: un Ipod Mini que le compré a un conocido por un precio nada despreciable. Y lo mejor de todo esto es, creo yo, que una vez que llego a casa estoy tan cansado que ni ganas tengo de ir a la PC a checar mis mails y enfreanarme a la tentación de navegar en esos sitios truculentos de los que estoy tratando de escapar desde hace semanas.
Se aceptan porras.
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