Mi segunda semana Lupe-Reyes ha sido fatal. A partir del lunes un inmenso dolor de espalda no me ha dejado en paz, ya he probado paracetamol, ibuprofeno, naproxeno y masajillos varios. Lo que más me ha servido, so far, son cenas con vino en las que me relajo y no pienso en estreses laborales. Y es que todo el mundo me lo dice: "ha de ser el estrés" (no por nada este Blog tiene este título). Sé que la perspectiva de que me corran del trabajo no debería importarme nada. No tengo mucho que perder, no tengp rentas que pagar ni cuentas que saldar, ni bocas que alimentar. Tendría más tiempo para estudiar para el examen del SEM. Pero no puede ser sano estar rodeado de gente que sí está en verdad preocupada. Me ha tocado ver gente llorar, correr de un lado para otro y comportarse servilmente ante sus nuevos superiores, etc. En el trabajo, aún hay mucho hielo que romper. Y nuestra oficina, por el momento, ha sobrevivido íntegra. A ver cuánto nos dura el chistecito.
He estado salienda hasta las 9:30 de la noche del trabajo. Y sólo a partir del miércoles de esta semana al fin pude evitar las clases de francés de las 7 de la mañana. No tuve mucha vida la primera parte de esta semana, ni pude ir a comer a mi casa. Para acabarla de amolar, mi perra, de la que hablé en un post pasado, murió fulminantemente la tarde del martes. NI me pude despedir de ella. Estaba trabajando y todo fue inesperado. Snif.
El dolor de espalda no me abandona, sube y baja de intensidad, pero siempre está presente. Pero esta presencia contante no evitó que pudiera asistir a mis compromisos sociales navideños, namely: cena el miércoles, posada del trabajo el jueves, seguida de una cena y una posterior peda y, finalmente, peda el viernes. De repente, por las noches, el dolor disminuía considerablemehte, y hasta me permitió tomar martinis, chelas y vino, y bailar el viernes por la noche al beat de música electrónica en un after al que nunca había ido.
Pero mis ánimos no están tan altos. Me preocupa no poder caminar como Dios manda, y seguir un paso de viejito. Pense que tres días seguidos de descanso durante el fin de semana serían la respuesta ideal (ya me lo había dicho Paty: " tu problema es el exceso de trabajo combinado con exceso de diversión"). Por eso el sábado pasado sólo fui al cine y regresé a mi casa a dormir temprano. No salí todo el domingo, la cena de Navidad fue en la casa y dormí temprano. Y sin embargo, hoy lunes 25 por la noche, me sigue doliendo. ¿Será psicosomático? ¿serán los riñones y no la columna? ¿moriré pronto?
Navidad no alacanzó por matar al grinch que llevé dentro. Pero pudo suavizarme un poquito. La cena del miércoles en un bistro de Polanco que no conocía ciertamente animó mi semana, por primera vez me sentí relajado y ahora sé de un lugar interesante a donde regresar para comer rico.
La ñoñi posada de Presidencia el jueves por la tarde no ayudaba mucho. Me tuve que chutar 1.- esperar mas de una hora junto con el resto del personal de Presidencia afuera de una puerta de Los Pinos para que el Presidente llegara, le cantáramos la letanía y nos dejara entrar a nosotros, los santos peregrinos. 2.- un gran bailable de hueva del Ballet Folkróriko de Amalia Hernández que fue el mismito del año pasado (so much for governmental transition) y 3.- un speech alentador del nuevo Presidente al que alcancé escuchar nítido nítido, pero no lo vi un sólo instante. Y de ahí, corre que te corre a la cena con Eve y Barbs. Donde al fin pude convivir con el esposo de Eve (creo que jamás habíamos participado en una plática decente) y pasarla muy a gusto, mientras deleitaba a mis acompañantes con cagadas narraciones de los regalos frustrados que le he hecho a mi padre y que él me ha hecho a mí. Y de ahí ¿por que no? pasar a saludar a Fer, quien me había insistido a pasara a su depa porque tenía una cena con amigos. Ah! Sólo alcancé a llegar a la post-cena, pero me encantó saludar Fer y a la Guzmán, quien insiste en lo bien que me veo con mi nuevo look (es que ella me conoció en mis épocas de cachetón y todo rasurado).
Viernes, el día bueno, como siempre. Claro que me había propuesto no igualar la extrema diversión etílica de la semana pasada, lo cual sería dificil si tomábamos en cuenta que habríamos de ir a una peda que celebrara la fugaz visita de Cristobal a México, desde San Francisco. Pero antes de salir libre por la noche, tuvimos nuestra última sesión de ajedrez del año, a la hora de la comida, mi jefe, Gaby y yo, y varios funcionarios de la H. Dirección Gral para Europa, de la SRE. El asunto del Chico CIDE (quien trrabaja en DG Europoa-SRE) ya había pasado a la historia para mí, yo ya hasta había efectuado mi típico ritual de borrar su número telefónico de la memoria de mi celular, en vista de que no más no había señales de vida por parte de él. Por eso me causó sorpresa descubrir que junto con el nutrido grupo de DG Europa que asistió a la velada de ajedrez, él estaba ahí. No lo pelé especialmente. Me comporté equis durante toda la comida. Lo malo es que él se sentó junto a mí y, pude notar una inquisitiva mirada suya hacia mis manos que, los que me conocen, saben que suelen estar demacradas debido al constante mordisqueo al que las someto. Ese viernes estaban particularmente muy mal (ya saben, el estrés laboral), y me morí de la pena cuando él me preguntó el típico "¿Qué te pasó?". Quería que la tierra me tragara. En fin, al momento de despedirnos, el me dice algo así como "nos hablamos en la semana". Y yo le dije "OK, hablame al trabajo, porque como estoy en un sótano, mi celular no tiene señal". Él me contesta "Con razón; te he estado marcando la semana pasada y nada de nada..." ¡CHANCLAS! Estará bloffeando? Habrá marcado en verdad? Quién sabe. Lo único que pienso es "Too late my friend". Esa noche salgo con Paty, Barbs y Bob. Nuestra intención de ir a un bar en la Roma tuvo que frustrarse porque estaba lleno, así que acabamos en el 219. El bar gay que se atasca los jueves pero que los viernes está vacío. Feilz estuve yo al tomarme mis cosmos de rigor en el 219, pero me entristeció enterarme que ese lugar cerrará la próxima semana. Bueno, al menos me pude despedir del lugar (que es más de lo que puedo decir sobre mi pobre perra SNIFF SNIFF!). Y de ahí, a seguirla en after, el "AM" , donde el famoso Cristobal ya estaba muy instalado con amigos que jamás acabaré por conocer bien y aprenderme sus nombres. Bailé, tomé vodka, y Barbs y yo nos fuimos temprano del lugar (para ser after) a las 2:30 y nos lanzamos por tacos, pues moríamos de hambre. Pero lo´más importante, no me alcoholicé, y no me fui con el primer sujeto que me hiciera ojitos (claro que los lugares donde estuve no lo ameritaban). Llegué sano y salvo a domir a mi casa y el único saldo negro fue un penetrante olor a taco en mi coche que se ha estado desvaneciendo poco a poco.
El sábado Paty tuvo la osadía de pedirme que la acompañara de compras a Perisur. ¿¡DE COMPRAS!? PERISUR?! 23 DE DICIEMBRE! La quiero demasiado, no pude negarme. La ayudé a comprar regalos para su papá y su hermano. No fue tan malo. Fuimoz precavidos y nos estacionamos fuera, en la calle. Compramos rápido, sobre todo para ser Paty, I tell you. Comimos y fuimos al cine, como hacía mucho no ocurría. Ah! y Paty me compró un CD genial: Verve Remixed 3. Remezclas de clásicos del Jazz (Ella Fitzgerald, Nina Simone, et al.) a cargo de varios artistas como The Postal Service y Junior Boys. Una delicia.
Navidad ya llegó y fue un día estupendo. ¿Qué me trajo Santa? (ah! porque para los que no lo saben, Santa todavía me trae). Pues mi CD de Los Dynamite (q obviamente me compré yo), un tarro, un juego de toallas y unas sábanas que aparecieron en el árbol la mañana del 25. Bueno, este año al menos no fueron calcetines, y necesitaba urgentemente sábanas nuevas. Muero por estrenarlas. En Navfdad pude darme el gusto, como varios años atras, de atravesar la ciudad en coche este día, claro claro, sin una sola nube, y con muy pocos coches. Llegué a casa de Paty en 20 minutos, un trayecto que un día normal me podría llevar más de una hora. Me invitó al recalentado de su casa Y ME HIZO EL AÑO! porque pude comer pavo! De-li-cio-so By the Way.... Y jugamos, con sus primos, Mario Bros 3 y nos acordamos de los viejos tiempos.
Amo la ciudad cuando se vacía, entre Navidad y año nuevo, y durante la semana santa. Recorrerla así es un placer que mis padres, obsesionados con ir a la casa de Ticumán, en Morelos, jamás conocerán. Me espera un semana de trabajo, supongo que no tan fuerte como la pasada. Quién sabe, tal vez me den el miercoles, el jueves y el viernes libres. Todo es cuestión de suerte. Y entonces, descansaré aún más. Ojalá así se me quite este dolor que aún no me deja...
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