Una amiga mía, en su fugaz sabiduría, una vez me dijo que los días previos a la partida lejana y durdera se han de sentir como cuando alguien está a punto de morir. Tiene uno que dejar resueltos miles de asuntos, desde financieros, familiares, laborales y emocionales. No he posteado en estos días precisamente porque me he visto en la necesidad de resolver estos pendientes.
Ahora estoy en la sala de espera no. 31 del Aeropuerto de la Ciudad de México. Hace rato llené mi forma migratoria y en el apartado de “ocupación” me descubrí sonriendo al escribir la palabra “estudiante” de nuevo. El dedo anular de mi mano derecha ostenta, en contra de mis principios previamente publicados, un genial anillo azul con el que se supone demuestro que estoy orgulloso de mi soltería. El piercing en la ceja izquerda regresó ante la fascinación de la mayoría de mis amigos y la decepción de mi familia. Mi corte de cabello es otro. Mi ropa también. Le digo adiós a los trajes por al menos un año más. Bienveidos los jeans. Im off to London.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
2 comments:
"No creo que sea verdad eso que dicen, que al viajar uno pueda convertirse en otro: lo que sucede es que uno se aligera de sí mismo, de sus obligaciones y de su pasado, igual que reduce todo lo que posee a las pocas cosas necesarias para su equipaje"
A. Muñoz Molina
El anillo que llevas no es propiamente azul, es color turquesa.
De cualquier forma, bienvenido a un mundo de encuentros!
Post a Comment